Carta de una Doctora

Por Gabriela Zambrano

Todas las mañanas, a la misma hora, llego al hospital. Recorro las mismas calles y la escena no cambia, todos caminan con su mirada perdida, saturada, con tapabocas de los materiales más diversos, con lentejuelas hasta cuerina, simples o dobles, rara vez tapando nariz y boca, pero siempre presente y aferrado con cadenas de plástico, de metal y de las más esclavizantes: las cadenas de la mente.

Después de estos dos años envueltos en tanto engaño, mientras recorro la sala de internación, poco a poco veo cómo asoman ojitos de desconfianza, sonrisas de complicidad y hasta abrazos de disculpas en silencio. Fue muy difícil volver a acercarse a los pacientes internados y a sus familiares, sobre todo acercarse “sin protección”, prescindiendo del traje de astronauta y todos los demás accesorios que no nos permitían ni el menor contacto visual.

No sé si el miedo se fue, quizá quedó la paranoia, lo que sí sé es que lo mitigué con mi mejor sonrisa cada mañana (y lo sigo haciendo). Nunca nadie se negó a que le diera una caricia de alivio, sus sonrisas me lo demuestran y es la mejor devolución. Entre informes y charlas, fueron muchos los familiares y pacientes que reconocieron los “efectos no deseados” de la vacuna COVID-19. Como médica a cargo, terminaba siendo el buzón donde depositaban sus quejas y sus broncas, porque “nadie les dijo nada”, “tenía miedo de contagiarme”, y así terminaron con enfermedades que no tenían y hasta con muertes que no pensaban. Muchas anécdotas sobre parientes y vecinos, muchas dudas, cientos de preguntas y una sola respuesta: fue la vacuna.

Para quienes confiaron en el sistema de salud, ahora no es fácil encontrar a alguien que los escuche, un profesional que los acompañe y los ayude a contrarrestar lo que les pasa. Muchos están enojados, confundidos, decepcionados y es importante hacerles saber que quienes no buscaron información y actuaron por arrebato, fueron ellos. Saben que para arrepentirse llegaron 2 o 3 dosis tarde, saben que algo no está bien y esperan haber recibido lo “menos dañino”.

La verdad siempre sale a la luz, el sentido común en algún punto prevalece y es por eso que no tenemos que bajar los brazos y, como buenas ovejas negras, seguir en la tarea de ayudar a despertar a quienes aún duermen en el engaño y no permitir que se caiga en un nuevo circo con desfile de monos y payasos…

Todavía estamos a tiempo de frenar la nueva locura.

Un cálido abrazo,

Gabriela Fazzini Zambrano


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4 comentarios

  1. Me recuerda el ordenamiento mundial en el cual la OMS nunca ve oye ni habla.Somos monos.

  2. La infamia y la tración solo me sacan una cantidad infinita de insultos, la esperanza de saber que no estoy solo me fortalece, pero, como no puedo hacer otra cosa, me siguen brotando los insultos y las maldiciones hacia toda la banda de forajidos y asesinos que desde el gobierno y con la propaganda despiada de los medios, insisten con la intención de seguir instalando el miedo y el terror. HDMP todos malditos sean, arderán eternamente en el infierno y será la justicia del divino creador.

  3. Me encuentro con este articulo algunos años después y me reconforta porque es una Doctora quien escribe y no cualquiera. Aunque hoy en 2024 todavía muchos no han abierto los ojos, todavia muchos tienen miedo, y el sistema de salud nos sigue mintiendo u ocultando.
    Perdí a mi papá por un turbo cancer, que se lo llevó en menos de 2 meses en 2022, después de tres dosis.
    Escucho cada vez más de gente joven y sana que muere inesperadamente. Mamás y papás jóvenes, sanos y deportistas, con hijos pequeños… me rompe el corazón y me pregunto ¿cuántas dosis habran tenido?
    Me da rabia que aún hoy mucha gente no lo ve, no lo relaciona, y lo que es peor, siguen con miedo y van por la quinta o sexta!
    Hasta cuando seguiremos asi solo por los intereses, fundamentalmene económicos, de unos pocos poderosos?
    Creo en la justicia Divina, pero qué impotencia me da la justicia de los hombres.

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